TEXTO DE CREACIÓN
Catalina, una mujer que creció escuchando a los juglares cantar sus gestas por las calles de Constantinopla.
Catalina, una mujer que nació en una familia noble, de la época, conservadora, con muchos integrantes, todo varones. Con 15 fue enviada a la corte, para completar su educación. Pero ella lo que quería era ser la protagonista de esos cantares de gesta que escuchaba todos los días. Se daba cuenta de que quienes protagonizaban esas historias que siempre rondaban por su cabeza eran hombres.
Su familia era adinerada, era la típica familia que no se salía de los roles de género, eran el ejemplo de todo el pueblo, no podía fallarles.
Pero sus sueños eran más que unos simples y estúpidos comentarios que los habitantes dijeran de ella. Un día, antes de que alguien despertará, antes de que empezarán a labrar la tierra, antes de que la plaza del pueblo abriera las tiendas, se fue de casa, no lo notarían ella era irrelevante, una más, tampoco creo que se dieran cuenta con la cantidad de personas que eran en casa. Solo le reveló el secreto a uno de sus hermanos, tenía la misma edad que ella, era con el que más confianza tenía, debía contárselo a alguien. Después de eso cogió una mochila con pocas cosas, la maleta contenía ropa ancha robada del armario de varios de sus hermanos, ropa interior y algo para sujetar su melena.
Salió de casa muy decidida, sin rumbo, sin ningún hogar a parir de ahora. Se escondió entre escombros cuando la gente empezó a despertar y a salir por las calles. Se cambió rápido de ropa, bajo los escombros vio un pequeño charco donde pudo alcanzar a ver su reflejo. Debía cortarse el pelo. Cogió el cuchillo de su mochila y empezó a cortarse el pelo, después de sacudirse el polvo y restos de escombros siguió su viaje, con distinta imagen,, distinta en general, ya no era ella.
Mientras llegaba a el pueblo en el que quiere convertirse en héroe, pensaba en su nombre, no podía ser Catalina, tras mucho andar y mucho reflexionar se decidió por Gonzalo.
Después de varios días luchando contra las maldades de ese pueblo o haciendo justicia a los ciudadanos, el rey la convocó para ofrecerle un puesto en el ejercito y así poder ayudar al pueblo.
Ella, con lágrimas en los ojos, asintió decidida, no se lo podía creer. Una mujer había conseguido entrar en el ejercito, ¿ Cómo iba a lograr que no se dieran cuenta de que era una mujer? Esa era su menor preocupación entre tanta alegría en esos momentos
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